todo el tiempo pasando, como una acelerada pantalla de videojuego que no puede parar.
pero yo estoy como detenida, mirando las estelas de luces fugaces,
el movimiento está fuera de mí.
el movimiento está fuera de mí, lo saqué a patadas.
qué loco como es esto, hasta limpio el patio como si fuera un deporte extremo.
un montón de recuerdos, pedazos enredados de memoria enredada.
cuánto trabajo y para qué…
es dura esta pantalla, la de adentro. la dificultad radica en la falta de dificultad.
siempre me costó lidiar con lo sencillo.
no estoy inquieta, estoy muda, y siento que por acá un poco puedo susurrar, decir de a poco, de a renglones desglosarme…
si susurro me siento mejor, como si estuviera cerca de llegar a la otra orilla.
bruno me interrumpe. quiere jugar al juego de río, acá en esta computadora. tengo que cocinar la cena. hace tanto frío que tiritamos. tengo la estufa casi que atada con una cadena. además tengo una sola garrafa que rota entre la cocina y la estufa… el detalle de la rotación es que estamos hablando de un artefacto que pesa 13kg, quizás ahora un poco menos, lo que hace la gestión un poco menos práctica.
después vuelvo…
tengo muchas ganas de anotarme en ese taller levreriano y sin embargo tomar esta decisión me cuesta… no sé si es por el dinero –léase el vil metal, o que
ataca el invierno. frío, duro, gris. medias can can y pantalones. buzo arriba de buzo. medias cortas. bufanda. cebolla humana. miles de capas antes de llegar a algo vivo.
el movimiento está afuera y yo lo observo en la red social clickeando. clickear es más fácil. no duele. hay algo de blindado en ese compartir. miramos el sol a través de ventanas con rejas. nos conectamos con el mundo a través de la pantalla.
la que todo lo sabe.