158 Gruta de Lourdes


“Sos linda”, escribió en el sms de su celular, y si bien titubeó con el pulgar sobre la tecla verde para enviar, estaba bien decidido a hacerlo.
Al otro extremo del ómnibus sonó el croar de una rana avisando que un mensaje nuevo estaba llegando. Joanna miró a los costados y se metió en la micropantallita verde. “Sos linda”. No pudo evitar sonrojarse. Miró a su alrededor moviendo la cabeza para ver más allá de las gentes… y lo vió. Sabía que había sido él.
Todos los días subían en el 158 hacia Gruta de Lourdes. Ella subía cuatro o cinco paradas después que él.
“Vos también”, escribió sonrojada, olvidándose un poco de los pies mojados por la lluvia, el mundo y la miseria de hoy y de siempre.
Lo mandó.
El ringtone que Maicol tenía para sus mensajes era el sonido de un auto en curva a toda velocidad. No dejó ni que terminara esa curva y lo leyó.
Se miraron. Brillaban como centellas. Se reían como tontos y se habían puesto, los dos, algo rosados y sudorosos.
“Vamos?”, escribió sin saber muy bien qué quería decir.
“Sí”, contestó ella.
Se pusieron de pie. Él accionó el timbre en la puerta trasera y ella casi al unísono el de la puerta central.
Se miraron, sonrieron. Él guiñó sus ojos torpemente. Bajaron.
El ómnibus avanzaba y pude ver cómo habían empezado a caminar algo nerviosos. Poco después se tomaron de las manos. Los perdí de vista.